DIARIO DE MONTAÑA - Procesos, debates y melones abiertos
Aquí no hay postureo. Este es el sitio donde abro la mesa de Zucaina y te enseño lo que no se ve: cómo nace una acuarela 1 a 1, por qué no uso plantillas, debates sobre IA (yo la uso solo como pincel para el splash y mockups), lugares perdidos que encuentro pateando, preguntas que me hago sobre lo rural y respuestas a medias.
Comparto información real de lo que abarca Latido Rural: Salas de Logos e Invitaciones, Acuarelas en láminas, BAZAR (libretas, imanes, llaveros, delantales, tazas, totebag) y MODA (solo sudaderas, camisetas y gorras). Todo hecho a mano, sin stock.
Si algo te remueve, me escribes por /contacto o info@latidorural.com. Las fotos que me mandes se borran en 30 días.
De la España vacía a la España Vaciada: cuando la despoblación se convirtió en reivindicación
Durante décadas, miles de pueblos españoles fueron perdiendo habitantes, servicios y oportunidades. Escuelas que cerraban, líneas ferroviarias que desaparecían, consultorios cada vez más alejados y jóvenes que marchaban en busca de trabajo fueron dibujando un mapa muy diferente al de las grandes ciudades.
Pero hubo un momento en que aquel proceso comenzó a tener un nombre propio.
En 2016, el periodista y escritor Sergio del Molino publicó La España vacía. Viaje por un país que nunca fue, un ensayo que abordaba las consecuencias del éxodo rural y el desequilibrio entre la España urbana y la España interior. El libro contribuyó a popularizar una expresión que terminaría incorporándose al debate social y político.
Con el paso del tiempo, muchos colectivos comenzaron a preferir otra expresión: España Vaciada. El cambio de palabra no era menor. Ya no se trataba únicamente de describir un territorio que estaba vacío, sino de reivindicar que ese territorio había sido objeto de un proceso de pérdida de población, servicios y oportunidades.