De la España vacía a la España Vaciada: cuando la despoblación se convirtió en reivindicación
Durante décadas, miles de pueblos españoles fueron perdiendo habitantes, servicios y oportunidades. Escuelas que cerraban, líneas ferroviarias que desaparecían, consultorios cada vez más alejados y jóvenes que marchaban en busca de trabajo fueron dibujando un mapa muy diferente al de las grandes ciudades.
Pero hubo un momento en que aquel proceso comenzó a tener un nombre propio.
En 2016, el periodista y escritor Sergio del Molino publicó La España vacía. Viaje por un país que nunca fue, un ensayo que abordaba las consecuencias del éxodo rural y el desequilibrio entre la España urbana y la España interior. El libro contribuyó a popularizar una expresión que terminaría incorporándose al debate social y político.
Con el paso del tiempo, muchos colectivos comenzaron a preferir otra expresión: España Vaciada. El cambio de palabra no era menor. Ya no se trataba únicamente de describir un territorio que estaba vacío, sino de reivindicar que ese territorio había sido objeto de un proceso de pérdida de población, servicios y oportunidades.
El origen: décadas de éxodo rural
La historia de la España Vaciada no comienza con un partido político. Sus raíces están en el enorme éxodo rural que transformó España durante la segunda mitad del siglo XX.
Entre las décadas de 1950 y 1970, millones de personas abandonaron los pueblos para trasladarse a Madrid, Barcelona, Bilbao y otras ciudades industriales, además de las zonas costeras. La mecanización agraria y la concentración de empleo y servicios en determinados núcleos urbanos aceleraron el proceso.
El resultado fue una profunda transformación territorial.
Mientras las ciudades crecían, muchas comarcas del interior comenzaron a perder población de manera continuada. El problema no era solamente demográfico. La pérdida de habitantes hacía más difícil mantener colegios, comercios, transporte, atención sanitaria y otros servicios.
El estudio del Banco de España sobre las dinámicas de población durante la pandemia muestra hasta qué punto ese proceso dejó una huella duradera: entre 1996 y 2019 la población urbana aumentó un 22%, mientras las zonas rurales no vinculadas a ciudades continuaron perdiendo población.
Sergio del Molino y el nacimiento de una expresión
En este contexto apareció el libro de Sergio del Molino.
La España vacía. Viaje por un país que nunca fue no era un informe demográfico convencional. Combinaba crónica de viajes, historia, literatura y memoria personal para explicar cómo se había producido la fractura entre la España urbana y la España interior.
Del Molino recorrió territorios de Castilla y León, Aragón y otras zonas del interior y utilizó también la literatura para analizar la manera en que España había construido su imaginario sobre el mundo rural.
El libro fue publicado por Turner en abril de 2016 y recibió, entre otros reconocimientos, el Premio del Gremio de Libreros de Madrid al Mejor Ensayo y el Premio Cálamo al Libro del Año.
Su aportación más visible fue convertir una cuestión que ya existía —la despoblación— en un concepto fácilmente reconocible: la España vacía.
El término tuvo una enorme difusión.
Pero también generó un debate sobre cómo debía denominarse aquel territorio.
De «España vacía» a «España Vaciada»
Los movimientos ciudadanos que comenzaron a organizarse alrededor de la despoblación introdujeron una diferencia fundamental.
Para muchos de ellos, aquellas provincias no estaban simplemente vacías: se habían ido vaciando.
La expresión «España Vaciada» comenzó así a utilizarse como marco reivindicativo. Servía para señalar que detrás de la baja densidad de población existían décadas de decisiones económicas, infraestructuras insuficientes y pérdida de servicios.
Ese cambio de lenguaje coincidió con la aparición de movimientos ciudadanos capaces de trasladar el problema a la política nacional.
Entre ellos destacaron especialmente Teruel Existe y Soria ¡YA!
2019: la protesta llega a Madrid
El 31 de marzo de 2019 se produjo uno de los momentos decisivos.
Más de 100.000 personas participaron en Madrid en una gran manifestación convocada por plataformas procedentes de distintas provincias. Alrededor de 90 colectivos de 23 provincias se unieron a la movilización para reclamar medidas frente a la despoblación y un mayor equilibrio territorial.
La llamada Revuelta de la España Vaciada demostró que la despoblación había dejado de ser una cuestión exclusivamente local.
Pero el verdadero salto político había comenzado unos meses antes.
En las elecciones generales de noviembre de 2019, Teruel Existe consiguió un diputado y dos senadores. Para las plataformas rurales fue una demostración de que una candidatura territorial podía conseguir representación nacional concentrando el voto en una provincia.
El éxito animó a otros colectivos.
La protesta social comenzaba a transformarse en estrategia política.
2021: España Vaciada se convierte en partido
El siguiente paso llegó el 30 de septiembre de 2021, cuando España Vaciada quedó inscrita oficialmente como partido político en el Registro de Partidos Políticos del Ministerio del Interior.
El proyecto pretendía servir como paraguas para diferentes organizaciones territoriales.
La idea era mantener la identidad de cada provincia y, al mismo tiempo, coordinar una estrategia común en Madrid.
En noviembre de aquel año, más de 160 colectivos y asociaciones de unas 30 provincias habían mostrado su compromiso con la construcción de una plataforma electoral.
La organización se definía como transversal y alejada del tradicional eje izquierda-derecha. Su discurso ponía el territorio en el centro.
Sus reivindicaciones incluían servicios sanitarios y educativos, mejores comunicaciones, conectividad digital, transporte, empleo y medidas específicas contra la despoblación.
Una política basada en el territorio
La característica fundamental de España Vaciada era precisamente su carácter territorial.
No pretendía construir una identidad política exclusivamente basada en cuestiones ideológicas nacionales. Su discurso se centraba en problemas concretos de las provincias y comarcas afectadas por la despoblación.
Entre sus principios aparecían conceptos como regionalismo, provincialismo, pragmatismo, transversalidad, localismo, lucha contra la despoblación y desarrollo sostenible.
El planteamiento era sencillo: reclamar inversiones y servicios para territorios que consideraban insuficientemente atendidos.
La estrategia también tenía una consecuencia política importante. Al tratarse de candidaturas territoriales, el objetivo no era necesariamente convertirse en una gran fuerza nacional, sino conseguir representación suficiente para tener capacidad de negociación en las instituciones.
El inesperado paréntesis de 2020
La pandemia introdujo un elemento inesperado en esta historia.
En 2020, por primera vez desde 1996, la población rural creció mientras la población urbana disminuyó.
Los municipios rurales de menos de 10.000 habitantes registraron un crecimiento del 0,7%, frente a una caída del 0,3% en los municipios urbanos.
El fenómeno estuvo relacionado principalmente con la migración interna.
Según el estudio citado por RTVE, los municipios rurales recibieron unas 425.000 personas y registraron unas 319.000 salidas, lo que produjo un saldo migratorio interno positivo de aproximadamente 106.000 personas.
Sin embargo, aquel cambio no significó el final de la despoblación.
El propio Banco de España advertía de que 2020 había sido un año excepcional debido a las restricciones de movilidad y al contexto provocado por la pandemia. Además, el teletrabajo todavía tenía una implantación limitada.
El episodio demostró algo interesante: cuando las condiciones cambian, determinadas zonas rurales pueden atraer población. Pero también puso de manifiesto que disponer de vivienda, servicios y conectividad resulta fundamental.
Más allá de la población: el problema de los servicios
Hablar de España Vaciada no significa hablar solamente del número de habitantes.
La despoblación tiene un efecto acumulativo.
Menos habitantes pueden significar menos alumnos. Menos alumnos pueden hacer inviable una escuela. Menos población puede reducir la actividad comercial. Menos actividad puede dificultar la creación de empleo. Y la falta de empleo puede provocar nuevas salidas.
Por eso las reivindicaciones de estos territorios han girado alrededor de cuestiones como la sanidad, la educación, el transporte, la vivienda, la conectividad digital y las oportunidades laborales.
El problema tampoco es idéntico en todos los pueblos.
El estudio del Banco de España encontró que durante 2020 crecieron más aquellos municipios rurales que contaban con mayor presencia de segundas residencias, mejor acceso a servicios físicos y digitales y mayor proximidad a capitales de provincia.
Esto ayuda a entender que dentro de la llamada España Vaciada existen realidades muy diferentes.
De la literatura a la política
La historia de la España Vaciada puede entenderse, por tanto, como una cadena.
Primero estuvo el éxodo rural.
Después llegó la pérdida progresiva de población y servicios.
Más tarde, escritores y periodistas comenzaron a explicar aquella transformación y a incorporarla al debate cultural.
En 2016, Sergio del Molino popularizó la expresión España vacía.
En 2019, las plataformas ciudadanas demostraron su capacidad de movilización.
Y en 2021, España Vaciada dio el paso de movimiento social a partido político.
La evolución muestra cómo un problema demográfico puede terminar convirtiéndose en una cuestión política.
Una historia que todavía continúa
La España Vaciada no es una fotografía fija.
Algunas localidades han conseguido atraer nuevos habitantes, desarrollar actividades económicas o aprovechar la llegada de trabajadores remotos. Otras continúan enfrentándose al envejecimiento, la pérdida de servicios y la falta de empleo.
Por eso el debate actual ya no consiste únicamente en preguntarse cuánta gente vive en los pueblos.
La pregunta es otra:
¿Qué condiciones hacen posible vivir en ellos y quedarse?
La experiencia de 2020 demostró que existe población dispuesta a trasladarse a determinados municipios rurales cuando encuentra vivienda, conectividad, servicios y posibilidades de vida.
La cuestión de fondo sigue siendo cómo convertir esa posibilidad puntual en una tendencia sostenible.
De la «España vacía» a la España que quiere decidir su futuro
Sergio del Molino puso palabras a una realidad que llevaba décadas transformando el mapa español.
Los movimientos ciudadanos dieron a esas palabras una dimensión reivindicativa.
Y España Vaciada intentó convertir esa reivindicación en representación política.
Entre un libro publicado en 2016 y un partido registrado en 2021 transcurrieron apenas cinco años. Pero detrás de ese recorrido hay muchas décadas de migraciones, pueblos que perdieron habitantes y territorios que reclamaron volver a ocupar un lugar central en las decisiones del país.
La historia de la España Vaciada, en definitiva, no habla solamente de pueblos con pocos habitantes.
Habla de cómo se distribuyen las oportunidades, los servicios y el poder territorial en España.
Y esa historia todavía se está escribiendo.